A propósito de…


Alguien que vive en mis alrededores me comenta que en la entrada anterior utilizo la expresión “amable carterista” y que es un contrasentido porque si te están robando la cartera desaparece de inmediato lo que la amabilidad conlleva. ¿Cómo puede ser amable un ladrón?

Pues sí, le dije yo, en Lisboa los carteristas son muy amables. Y lo puedo demostrar. Aprovechan para robar cuando el tranvía está repleto de inocentes criaturas que danzan al compás de los quiebros, que permanecen sujetos al techo por una mano que deja cruelmente a la intemperie las sobaqueras mientras fijan su atención en los roces incómodos que la gente en su apretura proporciona sin querer. Entonces, en una de las curvas, hay cientos, el individuo en cuestión, el que ha decidido que serás tú su presa, aprovecha el movimiento generalizado de la tropa hacia la derecha o hacia la izquierda, hacia delante o hacia atrás, para exagerar su propio desplazamiento, para empujar un poco más de la cuenta al que luego no tendrá dinero pero sí un gran disgusto. Entonces, digo, en ese momento, en ese empujón, en un plis plas, le birla la cartera sin que se dé cuenta. El recién robado, que no ha echado de menos todavía su cartera, se gira con cara de pocos amigos hacia el que le empujó y el carterista, con un gesto que transmite de forma y manera indubitada un “ha sido sin querer”, le pide perdón convenientemente.

¿Le acaba o no le acaba de limpiar de forma amable? Pues eso.

1 comentarios:

lola dijo...

Le acaba de limpiar amablemente

Publicar un comentario

 
subir