Los calzoncillos



Siempre me dio vergüenza comprarlos. Sé que es un trauma, mi pequeño trauma, mi particular trauma, pero no logro superarlo. Uno va a las tiendas y compra lo que le hace falta, sin miedo, sin aspavientos, sin desmesuras, sin conocimiento a veces, pero nunca he sido capaz de comprar calzoncillos. Tampoco he entendido la cultura que por la ropa interior tienen las mujeres y la naturalidad con la que piden sus tallas, telas y colores. Soy incapaz de entrar en una tienda y solicitar de forma espontánea a una dependienta, porque habitualmente además es una mujer, que quiero unos calzoncillos de la talla G, 50% algodón y 50% poliester. Además, no puedo soportar la posterior mirada al espacio que va entre mi cintura y el inicio de mis piernas de esa señora cotejando que la talla que le he dicho es la correcta. Creo, además, que la palabra "slip" fue adoptada por el castellano para que la pudiéramos usar aquellos a los que nos da vergüenza comprar calzoncillos.
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Hace poco me encontraba absolutamente incómodo con la ropa interior que llevaba puesta porque alguien había planchado la goma que la sujeta a la cintura y me picaban ¡cómo picaban! No lo pude resistir y decidí comprar unos nuevos en una tienda que me salió al paso. Una vez hube seleccionado un par ellos, me coloqué en la fila para abonarlos. Entretanto, con mis flamantes calzoncillos en la mano, un chaval de doce o trece años de edad que me precedía y que ese día debía haber comido alubias, alivió parte de su carga y un pesado olor inundó la estancia. No pude evitar pensar que para las personas que estaban en la tienda yo no era más que un simple señor que se había cagado durante la jornada laboral y había decidido entrar de forma súbita a comprar nueva ropa interior. No tuve más remedio que coger a vuelapluma unos cuantos pares de calcetines y una camiseta interior, que no me hacía falta, para evitar ser el centro de atención de tan concurrida sala.
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Ayer me volvió a suceder. Hace poco descubrí unos "slips" de microfibra y sin costuras que en nada se parecen a los que venía usando asiduamente. Los había visto un día, por casualidad, haciendo la compra general en el Carrefour. Así que allí me dirigí para comprar unos cuantos (de esto siempre hay que comprar unos cuantos para no volver a por ellos en una temporada). Con el sigilo que me caracteriza y una vez que tuve cuatro en mi poder, me puse en una caja en la que casualmente no había nadie esperando. ¡Ya está! ¡Pago y me voy! ¡Solucionado! ¡Pasé el trago!…
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¡Qué iluso! La cajera debía estar en prácticas. No sabía cómo funcionaba la cinta transportadora, ni el mecanismo exacto con el que se abría la caja. Después de diez minutos de pruebas ya se había generado una cola de cinco carros y siete u ocho personas observando qué pasaba entre la cajera y aquel señor que tenía cuatro calzoncillos en la mano. Pero ahí no acabaron mis problemas. El precio que me solicitó se me hizo muy alto. Al revisar el ticket comprobé que me había cobrado siete. Señorita, la espeté, se ha equivocado, me ha cobrado "siete de estos" y sólo he comprado "cuatro". Pues tiene que ir a "atención al cliente" para que le devuelvan el dinero, me dijo muy segura. ¡Pero si me acaba de cobrar! A regañadientes y aceptando las "normas de la empresa" y evitando las miradas de los que esperaban impacientemente me dirigí rápidamente allí.
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Detrás del mostrador un joven se afanaba en atender a varias personas a la vez. Cuando me tocó el turno e intentando que nadie se enterara de lo que me pasaba, le dije en voz baja: Es que he comprado "cuatro de estos" y me han cobrado siete. ¿Calzoncillos? Preguntó en voz alta el idiota (porque hay que ser idiota para no saber que lo que tenía entre las manos eran unos calzoncillos de microfibra de última generación sin costuras). Sí, contesté. Es que la chica de la caja me ha dicho que aquí me devolverían lo cobrado indebidamente. No se preocupe, ahora paso el código y le devuelvo el dinero, me dijo.
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¡Ya está! Me devuelve mi dinero y me voy. De repente me sobrecogí de nuevo. El idiota volvía a hacer de las suyas: ¡Mariiii! ¿Cuál es el código de los calzoncillos? Es que le tengo que devolver el dinero a este señor, gritó de nuevo señalándome "calzoncillo en alto" ante la mirada curiosa de no sé cuántas personas. Ya no sabía qué hacer, no sabía si dejar los calzoncillos allí, renunciar a recuperar el dinero o saltar el mostrador y empezar a golpear al idiota. Después de varios intentos fallidos el maldito código fue bien recibido por el ordenador, me devolvió mi dinero y finalmente pude salir de allí.
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Ya no habrá próxima vez. Ya no habrá vergüenzas. Cuando tenga que volver a comprar calzoncillos lo haré como Supermán. Me pondré unos encima de los pantalones y una capa en la espalda con un letrero que diga: ¡Voy a comprar calzoncillos! ¿Pasa algo?

11 comentarios:

Pompeyo dijo...

Juuuuuuasssss

Pues ahora intenta comprar unas braguitas y un sujetador para regalo, por abundar en la terapia, verás qué risa.

rosita dijo...

jajajaja... Conozco a uno peor que tú, por si te sirve de consuelo.

el alelo dijo...

Lo de las braguitas y el sujetador también me ha pasado. Otro día lo cuento.

el alelo dijo...

Mejor no lo cuento.

rosita dijo...

Cuéntalo, venga, que estaba interesante la cosa.

BILLYGATOR dijo...

SUBLIME RUMBEIRO, ESTO ES SUBLIME. NO QUEPO EN MI DE GOZO Y TE DIGO QUE HE LLORAO CON EL TEXTO IMPRESIONANTE DOCUMENTO

JUUUUUUUUAAAAAAAASSSSSSSSS
JUUUUUUUUAAAAAAAASSSSSSSSS
JUUUUUUUUAAAAAAAASSSSSSSSS
JUUUUUUUUAAAAAAAASSSSSSSSS
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BILLYGATOR dijo...

Si te veo en El Carrefulll comprando calzoncillos te juro ke a mi me da un Infarto solo de verte como te despachas con la de Atencion al pubblico

ESto es para RISOTERAPIA JUUUAAASSS

No puedo mas ke bueno

BILLYGATOR dijo...

Y lo de las alubias ma llegao al Corazon

REJUUUASSSS

José María JURADO dijo...

Me parto.

Lo próximo que debes comprar es un refajo de fajas.

mimiknow dijo...

Jojojojojo. Pos yo soy mu clásico, como decían los de "Siniestro Total".
De pequeñito siempre he llevado
en mi interior Abanderado
el día más señalado
al cumplir como soldado
al sentirme enamorado
he llevado Abanderado...

Si es que como lo clásico no hay nada.
un abrazo.

Fran Pan dijo...

A mi me pasa esto con varias cosas, los condones (manque ya no me acuerde de pa qué valen), las prendas interiores etc..., pero con lo que me pasa de una forma más amarga es con el puñetero papel higiénico, es que te miran con cara de "tieneselculoguarrete eeeeeein", como casi siempre mu bueno Rumbe.

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