LA DESPEDIDA.


En alguna ocasión he podido comprobar como un peatón da las gracias al conductor que se detiene delante de un paso de cebra para que pueda cruzar la carretera. ¿Le da las gracias por permitirle ejercer su derecho? Vivimos en un mundo absurdo. El peatón no tiene nada que agradecer, es su derecho a pasar lo que prevalece sobre lo demás, sobre la obligación del conductor a detenerse. Sin embargo, hemos llegado a un punto de envilecimiento tal que hay que dar gracias porque alguien nos otorgue lo que nos corresponde: Muchas gracias por dejarme ejercer un derecho que es mío.


En mi paseo diario por la “bobosfera”, recomendado por mi médico de cabecera para el buen funcionamiento de mi organismo, he podido constatar con desilusión que una amiga del ciber-espacio dice adiós. Ella fue la primera que hizo un comentario en este humilde blog y me hizo ver que hay alguien más allá de lo que escribo. Y dice que se va. Ha vaciado su maleta de palabras y sentimientos y no permite que nadie la abra. Es más, creo que se ha metido ella dentro de la maleta…


De alguna manera, me he acostumbrado a mis amigos virtuales. A algunos los conozco personalmente, a otros me los ha presentado la red. Los primeros, muchas veces son distintos en la red que en la realidad. Los segundos, son un descubrimiento agradable: los imagino como quiero, los intuyo como son, los adivino a mi manera. Y me gustaba. Y me gusta. Y creo que me gustará.


No sé por qué alguien que abre un blog y, lo que es peor, lo mantiene – no es tarea fácil, lo aseguro -, alguien que se dedica a contar verdades y mentiras “tralará” que pasan y pasean por su conocimiento y a veces, incluso, por su corazón, de repente… dice adiós. No es justo. Nadie se puede ir. Me he acostumbrado a llamar a esas puertas todos los días y si en alguna no hay alguien… me “cabreo”. Es mi derecho. Se me otorgó por la gracia de la “bobosfera” (que me guía y que me aturde) y ahora no se me puede quitar. Nadie me puede privar de él, aunque se detenga para permitirme cruzar en un paso de peatones. Tengo derecho a seguir leyendo y saber que todo, cuando menos, sigue igual.



La penúltima entrega de su difunto blog decía esto:

..Y un día supo, con la certeza con la que se saben esas cosas, que no. Que no se dejaría tocar por ningún otro. Que ni vínculo ni derecho serían más fuertes que la determinación a que nadie profanara jamás el recuerdo del tacto que dibujó fuego por su cuerpo, de aquellos labios que construyeron puertos y abrieron islas, de aquel cuerpo que encajaba perfecto en cada arista de su alma llenándolo todo. Todo. Hasta hacer del resto la nada. Nada.

Y así se guardó, en celofán de memorias, como un ramo de flores que olvidado no podría entregarse más... porque le había encontrado. Y le había perdido.


Yo la guardé. No sé por qué, pero la guardé en el cajón de las cosas que hay que tener en cuenta. Me pareció que anticipaba su despedida. Y no me equivoqué. Ella sí se equivoca. Pessoa decía que nunca amamos a nadie, que amamos sólo la idea que tenemos de alguien. Añadía que lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos. Y a lo mejor tenía razón. A lo mejor no. Yo qué sé. Yo solo sé que hay que amar “por si acaso…”, no vaya a ser que uno se lo pierda por un “quítame allá esas pajas”. Y ella ha empezado a perdérselo. Ha empezado a trazar un camino en el agua y se ahogará si no la avisamos. En el agua no hay caminos, se hace camino al andar. En el agua sólo estelas… Por mí que no quede: estás avisada.


Si por lo menos hubiera dicho un “hasta luego”, en lugar de “adiós”…









4 comentarios:

el alelo dijo...

Como puedes comprobar... aunque quieras, ya no puedes borrar todo. Algo siempre quedará: son estelas en el mar...

Ia dijo...

¡¡¡OOoooH, TÚUU, MIÑOCA TÓXICA DEL AVERNO!!! (nadie me gruñe y se queda impune! -QUIERO TU E-MAIL, que no sé porqué no está en tu perfil. Hay algo que quiero decirte...... -además de mandar una cuadrilla de bielorrusos muy amigos míos a que te partan las piernas empezando por las falangetas de los pies- que no es público. Así que mira en el perfil de mi viejo blog, busca mi dirección y escríbeme PARA QUE YO SEPA A DÓNDE ARROJAR MIS VENABLOS. ES DE JUSTICIA. Hale: hop, hop. Amossssssssss, engaaaaaaaaa....)

;-))

el alelo dijo...

Lo siento. Tú no tienes blog, pues yo no tengo correos.


Hala.

Juaaaaaass

Anónimo dijo...

Querido amigo soñado: No he recibido tu correo. Lo que no se es sí lo quiero recibir...
Cuando se escribió este artículo, yo ya tenía correo...
Un fuerte abrazo
Rafael

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