Para un amigo...

ese que todavía no fue... porque no pudo.



Nada de esto me interesa, nada de esto deseo. Pero amo al Tajo porque hay una ciudad grande a su orilla. Disfruto del cielo porque lo veo desde un cuarto piso de una calle de la Baja (Baixa). Nada el campo o la naturaleza me puede dar que valga la majestad irregular de la ciudad tranquila, bajo la luna, vista desde la Gracia o desde San Pedro de Alcántara. No hay para mí flores como, bajo el sol, el colorido variadísimo de Lisboa. La belleza de un cuerpo desnudo sólo la sienten las razas vestidas. El pudor vale sobre todo para la sensualidad como el obstáculo para la energía.




Lisboa es la ciudad de los tranvías. Viejos artefactos que circulan sobre raíles empotrados en el empedrado, guiados por cables de acero y provistos de incómodos asientos de madera barnizada mil veces y ventanas sin cerrar, artilugios que semejan juguetes antiguos de niño rico o juguetes de antiguo niño rico y que traquetean sin rubor por las estrechas calles tristes de la ciudad, cobijando bajo su techo a carteristas y personas de buena fe que mueven sin querer sus cuerpos al compás de los quiebros, al ritmo de un vaivén exasperado y esperado a la vez, debajo de balcones diminutos de hierro oxidado con ropa blanca vieja tendida al vacío y cuestas tan empinadas que uno tiene la sensación de que unas veces se dirigen directas al infinito y otras veces te transportan al infierno de cabeza. Y es el número 28, el amarillo, el que mejor describe esa esencia ferroviaria que se impregna por todos los rincones del casco histórico, el que recorre de Oeste a Este la irregular orografía de la Dama del Tajo. Y es ese Eléctrico 28 el que me llevó desde la parada más cercana a la Rúa Dos Douradores hasta el Castillo de San Jorge atravesando primero la melancólica Alfama, donde el triste Fado nació rasgado y vivió quebrado, y después el Barrio de Gracia, con sus imponentes miradores. Otras ciudades como Milán, Burdeos o Amsterdam guardan tranvías en sus estampas pero ninguna conserva ni el sabor a viejo ni el destino antiguo de los que recorren casi a tropezones la historia más íntima de la capital de Portugal.


Para encontrar una razón intrínseca al desasosiego que vive y vegeta latente en los rincones de cada barrio o a la saudade lisboeta y a su inseparable anclaje en el tiempo es preciso recorrer sus calles en tranvía y subir y bajar tantas cuantas veces haga falta para mirar y ver el río desde sus balcones y atalayas naturales, desde sus ventanas abiertas de par en par al nacimiento perenne del mar. La ciudad bañada en el Tajo, la Señora que flota en el río, la que irremediablemente se ahogará cuando se colapsen sus entrañas cobra entonces una dimensión especial y espacial diferente, una visión única que sólo es apreciable desde cada una de sus lomas, desde cada una de sus históricas siete colinas. En cualquiera de esos puntos se aparecen, al que mire y sea capaz de ver, sus añejas vivencias plenas de misterio nocturno enfrentadas a siglos de luz y sol. Es allí, al atardecer, donde se puede contemplar sin sonrojarse tanto el paisaje teñido de añil infinito y ocre azafranado como la poesía que se escapa como humo liviano entre los huecos que separan los viejos tejados de la Alfama. Pocas metrópolis – ninguna, diría - que se precien de tales por su importancia, biografía y trayectoria pueden presumir de vistas tan naturales y tan panorámicas como las que ofrece el Castillo de San Jorge, el mirador de Gracia o el imponente de San Pedro de Alcántara. Incluso el de Santa Justa parece haber estado allí, recreándose en el agua, antes incluso de la construcción humana del Elevador al que da nombre. El mismo París, capital de capitales, tuvo que levantar en un tiempo antiguo la mayestática Torre Eiffel y en otro moderno La Defense para que el visitante pudiera darse cuenta de los tesoros que escondía la llanura enredada en los brazos del Sena, unos tesoros que sus colinas, que también las hay, no alcanzaban a contemplar con la solvencia requerida para su ganado estatus de dueña del continente.

10 comentarios:

José María JURADO dijo...

Muchísismas gracias, amigo

Vasco de Gama parte rumbo a la India.


Vasco de Gama contempla arder el horizonte, vedado por el Tratado de Tordesillas, el sol se sumerge en vino verde y Luis de Camões entona un fado de despedida en una taberna de la Alfama. Pasaje a la India. El estuario del Tajo destila maresía de alta graduación y los tranvías amarillos descienden a las playas de Goa donde los brahmanes mercadean con los portugueses. Madera de sándalo, varitas de incienso, marfiles tallados, saris naranjas y amarillos, tintura para adornar la frente de los elefantes gobernados por rostros vislumbrados en Iberia: los gitanos que rasguean el sitar y cantan por soleares la tragedia errante de su casta que no registra el Ramayana; los gitanos guardianes de las vacas sagradas del Guadalquivir, los bueyes con guirnaldas de flores que levantan su cabeza para saludar a Shiva, el dios de las marismas que baila sevillanas con sus múltiples brazos bajo un aro de fuego.


NO TE OLVIDES DE QUE AHORA, POR AQUÍ, ES EL RÓCÍO.

alelo dijo...

No hay de qué. Ha sido un placer.

Y del Rocío no me olvido. El domingo, decían los locutores de la radio sevillana de mi coche, había colas kilométricas para acceder a Almonte y un millón de peregrinos calentando ¿motores? para el sábado que viene. Yo volví del susto del sábado por la Sierra, de la que nunca debí salir.

La tuya, la de Vasco de Gama, la tenía guardada en el cajón de las cosas que hay que tener en cuenta, como no podía ser de otra manera.

Un abrazo.

Turulato dijo...

Vas a conseguir que cumpla un sueño. Viajar a Lisboa.
Y te prometo que durante alguna mirada larga, de esas que a veces se escapan, recordaré el sabor de tus palabras.
Y para decir verdad, también la ternura de otra amante de esa tierra: Silvia.

Camy dijo...

¡que ganas tengo de volver a Lisboa! cuando lo haga te pediré información...Sin duda.
Me haces recordar sus calles, su sabor, su luz. Difiero a veces en la comparativa de las flores y el campo, pero me haces soñar con estar allí: Santa Justa, el mirador de Gracia, San Pedro de Alcántara. No conozco el Castillo de San Jorge. Pasear por la ciudad sin rumbo para mi es una maravilla y descubrir rincones...
Pregunto: ¿Es tuyo también eso de """Nada me interesa, nada de esto deseo......"""Perdona mi ignorancia o curiosidad, pero es para saborearlo varias veces.

¿Puedo hacer un enlace a tu blog

Un beso

alelo dijo...

A Turu.- Pues ya estás tardando. Merecerá y mucho la pena. Cuando decidas ir me mandas un e-mail y te cuento algunos sitios que no te puedes perder (ni tú ni tu conciencia) y que no vienen en las guías, como por ejemplo:

Comer en Casillas, al otro lado del río, al que se accede en barco (60 céntimos de euro) desde Cais do Sodré, al lado de la Plaza del Comercio. Allí comían los obreros de Lisboa... Restaurantes destartalados, atención gentil, mariscos frescos a precio asequible... y vinho verde.

El salón de té del Pavilhao Chinés, en la Rua de Pedro V, 68, con las "paredes repletas de vitrinas con antigüedades y miniaturas de todo tipo, principalmente motivos de guerras antiguas y nuevas. Millones y millones de soldaditos de plomo en continua batalla con los de las estanterías superiores e inferiores..." (esto lo escribí hace mucho en el blog).

La pastelería "Pasteis de Belem", al lado de los Jerónimos, donde se hornean los pasteles (tartaletas) de nata más ricos del mundo.

Etcétera.


A Camy.- Lo de "nada de esto me interesa, nada de esto deseo..." no es mío. ¡Ya quisiera yo! Lo que aparece en cursiva y naranja es de Fernando Pessoa. Por eso está en cursiva y en naranja.

¡Claro que puedes enlazar!

Camy dijo...

He leído a Pessoa pero no todo,claro, y además no recuerdo de corrido sus libros, pero estoy contenta, sabía que me gustaba... Es precioso.

Alelo gracias, hago el enlace.

Un beso

John Paul Winebranch dijo...

http://www.debirli.com/pablito/maisuma11.jpg
te regalo esta imagen para ilustra tu inspirad redacción de "elétricos e becos".

Que sepas que delante de la virgen desvestida, o santa, que sin ropa todos somos iguales, como reza la placa: "del silencio de las "gavetas" de la patria amordazada, de los pechos desechos por las torturas de la pide se alzó el clamor de la libertad. Floreció Abril."

Aprovecho para hacer spam e invitaros a ti y a tus innúmeros lectores a la exposición que inauguramos el viernes. Tocan los freedonia. Más info en el mí blog.

Buenos días, Jurado.

alelo dijo...

Señor Winebranch, ya está la foto enmarcada y colocada en el salón. De lo de "Fridonia" ya tenía noticias. El quinto debirli me mandó correo. Allí nos vemos, si la señora que vive en mi casa dice que nos apetece.

Abrazos.

Ricardo Colomer dijo...

Oye, que seguimos teniendo pendiente ese café con dulces en Lisboa ¿eh? Que tengo el dinero "apartao"

alelo dijo...

Cuento con ello Ricardo.

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