La voz de la colina


Sobre cada colina
de la tierra que hay,
sobre todas las cumbres,
en un rapto animal,
abalánzate, ciérnete,
canta y vuelve a cantar,
"voz" de mi alma
y de mi libertad.

Miguel Hernández


Me llaman desde la colina. Otra vez, la tercera en poco tiempo, oigo, escucho, intuyo, percibo esa voz, temblorosa ya, que me dice que haga lo conveniente, que confía ciegamente en lo que haga ¿acaso alguna vez fue así? Esa palabra nunca estuvo en su particular vocabulario. ¡Imposible! Algo está pasando…En el diccionario de su vida no existió ni conveniente, ni apropiado, ni adecuado, ni oportuno, ni idóneo. ¡Jamás! Y no me gusta lo que oigo: palabras vencidas por el destino, palabras sin ilusión por el “qué vendrá”, palabras llevadas solamente por la inercia de un mísero viento, palabras que duelen…



Y me rebelo contra mí. Y me sublevo contra todos. ¡Maldigo la hora en la que me estuve quieto! ¡Maldigo el minuto que me llevó a lo adecuado! ¡Maldigo mi espíritu, el que no tuve y ni siquiera me molesté en buscar!


Sé que hay tiempo, todavía hay tiempo. Un tiempo que ya no se puede desperdiciar.

2 comentarios:

Pompeyo dijo...

Pues ahora concéntrate sólo en una cosa: en acertar. Y deja de maldecir quietas horas, adecuados minutos y espíritus ausentes.
El tiempo no apremia, apremia el acierto y el acierto está en la fidelidad a las bases, a los principios y a los fundamentos de cada obra.
Aunque si no se acierta, en la propia colina habremos de buscar los arcanos de la traición.

Anónimo dijo...

No interesa lo idóneo, interesa lo justo, verdadero y bueno.

Y la caridad.

EL LECTOR

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