"Déjá vu" o algo así.






Para todos nosotros caerá la noche y llegará la diligencia. Disfruto la brisa que me conceden y el alma que me han dado para disfrutarla, y no me interrogo más ni busco. Si lo que deje escrito en el libro de los viajeros pudiera, releído un día por otros, entretenerlos también durante el pasaje, estará bien. Si no lo leyeran, ni se entretuvieran, también estará bien. Fernando Pessoa.




Cualquier detalle de la ciudad, por insignificante que pudiera parecer a otra persona, quedaba grabado en mi retina. Una vieja esquina, una sombra detrás de una ventana, un tranvía – ¡sobre todo los tranvías! -, un pescador en el puerto, un vendedor de helados, una frutería… me hacían sentir algo diferente en lo más profundo de mi ser.

Todo parecía pasar muy despacio, dejándome una sensación familiar y misteriosa a la vez, una sensación parecida a la de un "déjà vu" pero estando, por otra parte, completamente convencido de que yo no había vivido allí antes... No sé muy bien cómo explicar lo que percibían mis sentidos, ni tampoco sé por qué me aparecía una especie de congoja cuando visitábamos determinados lugares, mas en todo momento sentía que había pertenecido de alguna manera a aquel lugar.

Puede que sólo fuera una alteración de mi memoria y que esa sensación de estar reviviendo el pasado se debiera al mal funcionamiento de alguna parte del cerebro o a mi obsesión por El Desasosiego, aquel maldito libro que despertó en mí sensaciones que nunca antes había tenido…






Y es que un libro puede hacerte viajar. Y ese viaje imaginario queda fotografiado en tu memoria para siempre. Y esa memoria te recuerda, cuando menos te lo esperas, aquel libro y ese viaje. Y lo tienes que escribir. Y sientes que lo tienes que describir, aunque parezca un sueño o nunca hayas estado en aquel lugar.


7 comentarios:

Pompeyo dijo...

Gracias, Alelo querido, qué excelente entrada. Has entrado por la puerta grande en el club de la gente superlativa, dejando atrás a la mediocre gente bien y a la pretenciosa gente mejor. Un fenómeno de la literatura viajera o de los viajes literarios, como tú prefieras. Serás cabrón... juuuuasssss.

alelo dijo...

Es que no me pude resistir...

Siempre tuve dudas sobre muchas cosas cosas y quería saber si yo era gente bien o gente mejor.

Ya tú sabes.

Ricardo Hernández dijo...

Nunca,... nadie,... ni nada... podrá llevarte más lejos de lo que lo haga un libro. Un abrazo

Pompeyo dijo...

¿Un avión quizás?

Ricardo Hernández dijo...

No, ni un avión

Pompeyo dijo...

Pues yo cogí una vez un avión que me llevó muy lejos y he tenido libros que también habrán llegado lejos: donde quede el reciclaje de papel de mi pueblo. Tengo la sana costumbre de reciclar ciertas bazofias que llegan a mis manos con la pretensión de hacerse llamar libro. Es lo que tienen los libros, que pueden llevarte a algún sitio o al más terrible hastío, pero los aviones siempre te llevan lejos, que para ir cerca ya se coge uno un autobús o el utilitario que compartes con el banco.

rosita dijo...

El Desasosiego....
no pudo elegir una palabra más acertada...

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