El día de la cólera


“En la penumbra de la covacha, unos rezan y otros blasfeman. Alguno confía en una intervención de las autoridades españolas, y no falta quien manifiesta su esperanza en un alzamiento general de los militares contra los franceses; pero el comentario sólo suscita un escéptico silencio.”


No volveré a pisar las calles de Madrid sin sentir bajo mis pies cientos de muertos partidos en canal por el sable del francés. No volveré a pararme en sus esquinas sin comprobar antes que allí no hay gabachos, napoleónicos y uniformados, que me puedan arcabucear sin previo aviso. No miraré los cuadros de un sordo Goya que escucha - ¡qué triste historia! - tras los cristales sin reparar en los ojos de carnero degollado y la desesperación “desesperada” de los retratados para siempre instantes antes de recibir la última bala. No recorreré el Rastro buscando cachivaches, artilugios o estatuas de héroes cansados y vencidos por la cobardía de una nación. No me quedaré ni un minuto en Gran Vía, el Retiro, el Prado, Atocha, San Jerónimo, Fuencarral, la calle del Tesoro, la Plaza de la Cebada… para observar el limbo de terribles fantasmas que transitan por allí pidiendo “venganza” - navaja de dos palmos en mano, redecilla en el pelo, faja ajustada a la cintura y polainas - desde hace ya doscientos años. No...


Pedro Velarde, el teniente Ruiz, Coscorro, Goya, Esquivel, Ramona García Sánchez, Rafael de Arango, Blas Molina, el Marqués de San Simón y otros cientos más… no olvidarán, doquiera que estén, que “un día basta para sublevar a un pueblo…”


¡Ah, Leandro!, ¡el traidor!, tu “infeliz, cruel, amada y odiosa patria”, la que representó tus teatros con devoción, te recordará por tu pluma y por tus obras y no por tus remordimientos finales.


Sólo y solo Daoiz, - ¡otra vez la soledad, amigo mío! - en los parques de Monteleón de los rincones patrios, cuando el grito de ¡traidor! retumbe de nuevo en su cabeza volverá a levantar su sable herido y oxidado para atravesar a los generales Lagranje que pululan por el mundo.


7 comentarios:

alelo dijo...

Sí, ya lo sé, se me ha ido otra vez la olla... pero no lo he podido evitar. Es una parte de la historia de España que conocía poco - ese día estuve malo y no pude ir al cole, creo - y me ha gustado el libro y lo que allí se cuenta.

He dicho. Puede que mal, pero he dicho.

Turulato dijo...

Tengo el libro, aunque aún no he comenzado a leerlo. Leí hace más de 30 años los Episodios Nacionales de don Benito Pérez Galdós y ...
En uno de sus volúmenes -discúlpenme por no recordar en cual y no detenerme ahora a buscarlo- aparece la descripción del Cura Merino..
Don Benito no describe a un cura; tampoco a un soldado. Hace un magnífico análisis de un guerrero ...
Unos años después de su lectura, escribí un artículo para una revista que se titulaba "Del guerrero al funcionario militar"..
Mi conclusión, que mantengo, era que los funcionarios son eficientes para misiones en el extranjero, a tanto realzado el quilo de carne extraña, pero inútiles para defender con uñas y dientes el propio solar..
Tardan en reaccionar, miedosos por si contradicen al amo del pesebre, y cuando te juegas el cuello, los segundos cuentan. Mucho.

Cuando era un joven cadete, le pregunté a mi padre -valor heroico en su hoja de Servicios- algo que no entendía..
¿Cómo pueden convivir la disciplina con la iniciativa?.
Nunca he sabido la respuesta..

(En nuestra Guerra de la Independencia, la Cadena de Mando Militar no supo reaccionar ante la invasión de España, lo que vulnera la esencia de los Ejércitos: Entregar hasta su última gota de sangre en defensa de sus conciudadanos y del territorio propio ante la invasión de una fuerza armada extranjera.
Y que no fuesen los únicos, no les disculpa.)

Turulato dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ricardo Hernández dijo...

He de reconocer que Pérez Reverte no es de mis escritores favoritos, pero me lo voy a leer porque ya me has metido en ambiente.

José María JURADO dijo...

Que nadie se contamine leyendo a Pérez Reverte, por favor, teniendo a Galdós y además en gratis.

Ya van 2 plagios 2, esto y lo de Trafalgar.

alelo dijo...

Querido Josémaría: Si no lo leen, si no se contaminan... ¿cómo pueden saber que es un plagio esto y lo de Trafalgar?

Ahora bien... si en lugar de recetar no leer a Reverte recomendaras leer a Don Benito "el garbancero" para que los lectores pudieran comprobar el presunto plagio... me callaría.

Digo yo.

José María JURADO dijo...

Recomiendo leer a Benito Pérez Galdós y que el Alelo se calle.

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